Fue a raíz de una mudanza que, revolviendo un cajón, encontré esa foto sacada con una de esas cámaras re modernas que se revelaban “en el acto”, que muy pocos podían comprar.
Estaba sentada en el posabrazos del sillón de mi casa con un jean azul y un buzo rallado, negro y blanco. El pelo rubio “de verdad”, el flequillo lacio a la fuerza, y una expresión inocente y feliz.
¿Quien sabe no? … ¿Que estaría pensando?....
Tendría unos dieciocho años y las cosas eran muy sencillas, los silencios eran otros, por las calles todavía se oía el susurro del viento y el taconear de algún transeúnte.
Las expectativas eran muchas.
Mi casa era mía y ahí estaba todo bien aunque fuese de mentira.
Seguramente estarían mis hermanos por ahí, o por llegar, mi papa en la cocina haciendo unas empanadas para agasajar algún amigo o pariente, con los anteojos llenos de harina, y mi vieja renegando porque cada vez que cocinaba ensuciaba todo.
De vez en cuando yo me escapaba a pensar un ratito al patio que olía a jazmín y me inspiraba.
Pensaba que ese instante seria eterno, pero paradójicamente, que en el futuro seria mas feliz, que el mundo de los “grandes” era mejor y yo quería llegar hasta ahí , que yo podría cambiar ese mundo, o al menos mi mundo, que mis elecciones serian mas acertadas que las de “ellos”. Creo que me sentía diferente, y sufría por eso. No entendía muy bien el porque de ellos. Y mi porque tardaba en aparecer.
Me empeñaba en jamás parecerme a ninguno de mi familia, “la familia de los otros” era mucho mejor.
Recordaba, con un sabor algo amargo, los besos acalorados que se daban los papas de mi amiga, mientras nosotras tomábamos la leche a la salida de la escuela.
Yo me quedaba mirándolos fijamente hasta que, sin querer, se me dibujaba una sonrisa, inspirada por la dulzura de la situación, y no podía evitar comparar.
Jamás en casa había visto situación semejante, jamás tanta demostración de amor.
La luna siempre estaba en mi patio tenia con el un contrato ineludible.
La casa tenía colores que la hacían tibia, y aromas que la harían inolvidable: las tostadas a la mañana, la cera de los pisos, los tilos de la vereda, el mate siempre ensillado y listo para ser ofrecido al primero que apareciera por la cocina.
Cuanta ilusión hay en esa foto, todavía creía que seria posible, todo estaría bien o al menos como hasta ese momento.
Mis ilusiones se debatían entre el querer ser y el deber ser, puja que, por otro lado, sabia de ante mano quien la ganaría.
En esa foto seguramente no estaría imaginando, ni por asomo, que las cosas serian tan tristes y complicadas, que mi vida transcurriría aquí y allá, que nunca llegaría a ser lo que de verdad quería ser, y que haría todo lo contrario…trataría de ser lo que los demás esperaban que fuese. Solo para que no dejaran de quererme….que estupida!!!
Creía que me conocía como a nadie, y procuraba agradar a todo el mundo, aun cuando esto me costara lágrimas de bronca.
Confiaba en todos y me enfurecía cuando alguien me mal predisponía con alguien aunque terminara teniendo razón.
Siempre me gusto saborear yo misma el sabor amargo del fracaso.
En fin… ahí esta esa foto amarillenta, testigo de un tiempo muy gris que me empeñe en pintar de todos los colores posibles.
domingo, 23 de septiembre de 2007
miércoles, 29 de agosto de 2007
LA VUELTA MANZANA
Di varias vuelta con la cuchara en el café, levante la taza y dibuje con el dedo algún garabato en el circulo de agua perfecto que dejo la base de la taza sobre la mesa.
Era una de esas noches en que me asaltaban pensamientos deshilachados, desordenados e inconsistentes, pero los deje fluir….pensé -que cosa maravillosa la memoria- y sonreí recordando un pequeño gran instante de mi vida.
No es muy común para mi recordar gratos momentos de mi infancia, mucho menos de mi adolescencia, será tal vez que yo también tengo ese espíritu masoquista, que se empeña siempre en tomar de mi pasado solo las peores cosas, o será que fueron de esas cosas de las que verdaderamente aprendí, con las que de alguna manera crecí y por eso las recuerdo mas.
Tendría unos seis años y salía a la vereda con mi “Minirroda” amarilla, me la habían traído los reyes y era sencillamente maravillosa.
-De esquina a esquina, no bajes a la calle!- sentencio mi mama.
Por la calle pasarían…unos seis autos a diario y muchas!! Bicicletas era realmente ¡!! Peligroso ¡!
Monte la bici y después de varios volantazos intentando lograr el equilibrio arranque tomando una velocidad increíble pero la sensación de volar me duraba poco, porque la esquina estaba ahí no mas. Con mi mano chiquita intentaba poner freno a semejante velocidad! pero los frenos estaban re duros,.. claro, era nuevita mi bici, ya se irían ablandando.
En las veredas de mi barrio las tardecitas de verano se poblaban de señoras que, después de sacarse los ruleros y colorearse un poco los cachetes, se sentaban a esperar que se haga la hora de hacer la cena, o hasta que volviera del trabajo algún marido acalorado que entraba a la casa casi sin registrarlas.
De paso miraban pasar algún auto, y metían los pies debajo del banco de la puerta antes de que yo pasara con mi “Minirroda amarilla”.
No faltaba la que me miraba con cara de “No jodas nena” pero igual me sonreían.
Algunas hablaban sin parar y nunca levantaban la vista para verme pasar ( una de las ciento cincuenta veces que lo hacia), y claro, la vida de la señora de enfrente, el auto nuevo de la de al lado, ¡que no se sabia de donde sacaban para tanto!, o la discusión de la de acá a la vuelta con el marido ( que dicen que El le da “mala vida”) era mucho mas interesante que ver pasar una nena, bien cerquita de sus pies, con una “Minirroda amarilla” nuevita.
En una de las pasadas por mi casa mi abuela estaba en la puerta, y yo sabiendo que ella no entendía muy bien, y si entendía, se hacia la que no, para pasarla mejor, le dije, poniendo cara de sentenciada a muerte… ¿Puedo una vuelta manzana?... No dijo nada y eso era “SI, pero cuidado!”.
El corazón se apuro, parecía que se me saldría por la boca, parada en los pedales acelere hasta la esquina y doble!!! SI doble. conocería el cielo de otras veredas, el color de otras baldosas, otras subidas y bajadas, nuevos olores a jasmines y otras vecinas que ahora sabrían que ahí a la vuelta había una nena que los reyes le habían traído una “Minirroda amarilla” .
sábado, 25 de agosto de 2007
ACEPTO

Nunca creyó en el azahar, por eso decía que no jugaba ni a la escoba de quince, aunque en realidad lo que no le gustaba era perder y ante la duda no arriesgaba, en fin, pero ese dia aposto su vida , su futuro, y por que no, hasta su felicidad a una sola carta…a el
Camino tres cuadras escuchando a Marcelo que intentaba disimular hablando de moda, de lo ajustados que llevaban los jeans algunas mujeres, de lo que había aumentado el precio de los alfajores triples…cualquier cosa. Buscaba una, al menos una conversación que pudiera conducirlo a lo que en realidad el quería decirle sin que ella se diera cuenta de su objetivo.
Hasta que por fin arriesgo un ¿Qué pasa con Gustavo?
Ella se paro frente a una vidriera haciendo como que le interesaban los precios de las ofertas, frunció el seño, acerco la cara al vidrio, retrocedió medio paso y cuando volvió a avanzar dijo:-nada por? Marcelo suspiro aliviado, ese “por” le permitiría seguir metiendo algún bocadillo mas y así poder llevar a cabo lo que tanto le había encomendado su mejor amigo… Gustavo.
-Hablale, dale, vos sabes que decir en estos casos, viste a mi como me cuesta, yo no sirvo para estas cosas. Yo ya lo tengo decidido, ella es la mujer de mi vida… y no te rias porque es cierto.
Y aunque le costo convencerlo de que, al menos, lo intentara, Marcelo accedió no sin antes aclarar que no mentiría ni agrandaría los hechos; y que lo haría solo una vez y porque se trataba de el.
Compraron dos pizzas de muzzarella de promoción y regresaron caminando despacio, parecía que intentaban que las pizzas se enfriaran antes de llegar.
Marcelo sintió que se le acababa el tiempo, solo le quedaban tres cuadras para llegar a convencerla y pensó que no lo lograría, que le había fallado a su amigo….”encima Claudia no colabora con nada”- peso….. y le dio risa.
¿De que te reís? Lo sorprendió
De mi… estoy haciendo el ridículo no? - Pregunto casi entregado al fracaso
Claudia no contesto, sin embargo se sonrió. Ella tampoco apuraba el paso, estaba esperando, un poco resignada, por que lo que había soñado escuchar toda la vida de boca del “príncipe azul”, sabía que lo escucharía del “bufón del rey”. Pero estaba dispuesta a aceptarlo, porque en el fondo de su corazón habitaba una “Susanita” que no dejaba de torturarla.
Saco las llaves del bolsillo, ya estaban llegando al edificio.
Marcelo se paso la mano por la cabeza y la dejo unos segundos apoyada en la nuca, en un gesto de preocupación, como la del apostador que se jugo el sueldo a la cabeza de un caballo y tiene que regresar a su casa y contar que lo perdió todo….una cosa así
Claudia empujo la pesada puerta de vidrio, se hizo a un lado para dejarlo pasar, soltó una carcajada gigante mientras decía: “avísale que si:…. Acepto.”
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