Di varias vuelta con la cuchara en el café, levante la taza y dibuje con el dedo algún garabato en el circulo de agua perfecto que dejo la base de la taza sobre la mesa.
Era una de esas noches en que me asaltaban pensamientos deshilachados, desordenados e inconsistentes, pero los deje fluir….pensé -que cosa maravillosa la memoria- y sonreí recordando un pequeño gran instante de mi vida.
No es muy común para mi recordar gratos momentos de mi infancia, mucho menos de mi adolescencia, será tal vez que yo también tengo ese espíritu masoquista, que se empeña siempre en tomar de mi pasado solo las peores cosas, o será que fueron de esas cosas de las que verdaderamente aprendí, con las que de alguna manera crecí y por eso las recuerdo mas.
Tendría unos seis años y salía a la vereda con mi “Minirroda” amarilla, me la habían traído los reyes y era sencillamente maravillosa.
-De esquina a esquina, no bajes a la calle!- sentencio mi mama.
Por la calle pasarían…unos seis autos a diario y muchas!! Bicicletas era realmente ¡!! Peligroso ¡!
Monte la bici y después de varios volantazos intentando lograr el equilibrio arranque tomando una velocidad increíble pero la sensación de volar me duraba poco, porque la esquina estaba ahí no mas. Con mi mano chiquita intentaba poner freno a semejante velocidad! pero los frenos estaban re duros,.. claro, era nuevita mi bici, ya se irían ablandando.
En las veredas de mi barrio las tardecitas de verano se poblaban de señoras que, después de sacarse los ruleros y colorearse un poco los cachetes, se sentaban a esperar que se haga la hora de hacer la cena, o hasta que volviera del trabajo algún marido acalorado que entraba a la casa casi sin registrarlas.
De paso miraban pasar algún auto, y metían los pies debajo del banco de la puerta antes de que yo pasara con mi “Minirroda amarilla”.
No faltaba la que me miraba con cara de “No jodas nena” pero igual me sonreían.
Algunas hablaban sin parar y nunca levantaban la vista para verme pasar ( una de las ciento cincuenta veces que lo hacia), y claro, la vida de la señora de enfrente, el auto nuevo de la de al lado, ¡que no se sabia de donde sacaban para tanto!, o la discusión de la de acá a la vuelta con el marido ( que dicen que El le da “mala vida”) era mucho mas interesante que ver pasar una nena, bien cerquita de sus pies, con una “Minirroda amarilla” nuevita.
En una de las pasadas por mi casa mi abuela estaba en la puerta, y yo sabiendo que ella no entendía muy bien, y si entendía, se hacia la que no, para pasarla mejor, le dije, poniendo cara de sentenciada a muerte… ¿Puedo una vuelta manzana?... No dijo nada y eso era “SI, pero cuidado!”.
El corazón se apuro, parecía que se me saldría por la boca, parada en los pedales acelere hasta la esquina y doble!!! SI doble. conocería el cielo de otras veredas, el color de otras baldosas, otras subidas y bajadas, nuevos olores a jasmines y otras vecinas que ahora sabrían que ahí a la vuelta había una nena que los reyes le habían traído una “Minirroda amarilla” .
